Fragmento de "La parte maldita" de Georges Bataille en el que manifiesta su desacuerdo con la lógica racionalista que pretende optimizar la utilización de recursos en pos del avance y progreso de las sociedades modernas:
"Partiré de un hecho elemental: el organismo vivo, dentro de la situación que determinan los juegos de la energía en la superficie del globo, recibe en principio más energía que la necesaria para el mantenimiento de la vida: la energía (la riqueza excedente) puede ser utilizada para el crecimiento de un sistema (por ejemplo de un organismo). Si el sistema no puede crecer más, o si el excedente no puede ser absorbido en su crecimiento, es necesaria la pérdida sin beneficio, el gasto, voluntario o no, glorioso, o al menos, de manera catastrófica".
The Lumberjack
viernes, 31 de agosto de 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
-preambulo para dar cuerda a un reloj-
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar
Julio Cortázar
sábado, 28 de julio de 2012
Canciones Perdidas I
Recuerdo
que durante un recital en una de esas típicas pequeñas casas de San Telmo,
Pablo Dacal, sin más que su guitarra y una tenue luz de velador que iluminaba
sus canciones amablemente desbordadas de imágenes de presentes y futuros
inciertos, se disponía a tocar “Tu Río Musical”. Antes de empezar, Pablo consultó cuántos de los presentes
(alrededor de 50 personas, aunque el margen de error es muy amplio) tenían el
disco de Viajantes, y antes de que varios levantemos la mano porque lo habíamos
bajado de internet, aclaró que se refería a quiénes habían obtenido la versión
original del disco. Sólo una persona dijo tenerlo y el único motivo por el cual
había accedido a él era a través
de un regalo que el mismo Pablo Dacal le había hecho después de un show. Luego,
continuó tocando un rato más, incluyendo la lectura de poemas de “Guitarras
Negras” de Luis Alberto Spinetta -en la triste semana de su partida- para
concluir con generosas versiones de Los Gatos y Almendra.
Es el
final de esta breve anécdota, pero el comienzo de pensamientos que se
instalaron en mi mente, en aquel momento desperdigados, pero que fueron el
germen de la idea de pensar a Viajantes y su único disco, colmado de canciones
difíciles de conseguir, pero valiosas y merecedoras de algunas palabras
elogiosas.
Viajantes
nace durante el año 2009, a partir de la conjunción y la afinidad creativa de
Pablo Dacal, Alfonso Barbieri, Manuel Onís y Juan Jacinto. Pero ese no es más
que el nacimiento formal del grupo y no es el objetivo extenderse en este rumbo.
En cambio, a partir de acercarme a sus canciones, considero que no sería del todo
impreciso intuir que Viajantes tiene su origen en las inseguridades e
incertidumbres de hombres del mundo de hoy, en la necesidad de expresar las
emociones y sensaciones frente a un presente que ofrece cada vez más caminos y
herramientas que no conducen a otro lado que el abismo y la insatisfacción. El
deseo de algún tipo de respuesta se hace evidente desde la primer canción, “No
me digas no sé”, cantando “Si no vas a creer mejor no digas nada”, casi expresando
la imperiosa necesidad de aferrarse a la ilusión de una fe ciega. Gritos
desesperados de libertad resuenan durante otros pasajes del disco,
particularmente en esa invitación a rebelarse ante aquellos que nos dominan y
no son más que nuestros semejantes, que fue llamada “Discurso de la servidumbre
voluntaria” y recupera algunos pasajes del texto antiabsolutista escrito por Étienne
de La Boétie en el siglo XVI. “Espíritu libre” se manifiesta en el mismo sendero
libertario, con un margen para el optimismo, en tanto “si vas creyendo en lo
imposible, de a poco empieza a suceder”. Una melodía taciturna y envuelta en
tristes acordes de guitarra acompaña las bellas palabras de “Tu río musical”,
reflejando cierta desolación y miedo por el momento en que la música se deja de
escuchar. La expresión de la nada que rodea una vida rutinaria y apática, que
observa cómo pasa el tiempo y “a pesar de todo tampoco es tan malo” se presenta
en “Temprano” y casi en sintonía, “Hablarte a vos” presenta una crítica sarcástica
a la falta de comunicaciones humanas verdaderas en los tiempos de la
posmodernidad y la era de la virtualidad.
Llegando
al final del disco, nos encontramos con “La hora de los magos”, en la que
Viajantes después de haber transitado un recorrido de diez canciones que muestran
altas cuotas de pesadumbre, aunque con fuertes intentos de resistir frente a
ella, deciden regalar un imaginario mundo perfecto. Para la creación de este
universo de ensueño se suman numerosos artistas (incluso algunos sumamente
conocidos), pero no resulta tan importante mencionarlos, cuando son tan
atravesados por la letra y el clima de la canción. En este mundo ideal no
existen los disturbios raciales, nadie más trabaja nunca salvo que sea un juego
y se termina la guerra fría para empezar la de los besos, entre otras metáforas
y deseos que constituyen este onírico viajante, que inevitablemente invita a
cerrar los ojos, imaginar y vislumbrar una película que nunca pudimos ver.
De
esta manera finaliza el desplazamiento por los caminos del presente que ofrece
Viajantes en cada una de sus canciones. No es posible afirmar que sea un disco
conceptual, pero si es viable interpretar que, más allá de temas diferentes,
existen algunas ideas que atraviesan la obra, lo cual es más notorio aún, al
escuchar discos posteriores de Pablo Dacal y Alfonso Barbieri, particularmente.
Lógicamente estos pensamientos están lejos (o no) de reflejar las intenciones
de los autores al escribir las canciones. Sin embargo, creo que la mayor
justicia que se le puede hacer al disco de Viajantes es justamente dejar de
lado las explicaciones, para dar lugar privilegiado a las más puras sensaciones.
"No tengas miedo", de Montxo Armendáriz
“No tengas miedo”
cuenta la historia de la vida de una joven española abusada sexualmente
por su padre desde los 7 años. Silvia es la hija única de una
familia burguesa integrada por la niña, una madre tan hermosa como narcisista y un padre odontólogo y perverso. Me disculpo desde ya ante la
comunidad odontólogica pero no puedo evitar evocar, en el random
mental, a diversos odontólogos psicópatas y a todas las fantasías
que giran en torno a este oficio por parte de quienes somos sus
pacientes ¿será que la odontología sea una profesión que
facilite, al menos, la elaboración de algo del masoquismo primordial
que nos constituye a los seres humanos?
Tenemos, en
principio, la perfección de una familia de clase media profesional
donde la belleza, la dulzura, el talento y el dinero son las cuatro
patas de una estructura sospechosamente normal. Tenemos una madre
hermosa, amorosa con su hija igualmente hermosa y un padre cariñoso
y atento de su más preciado tesoro. Resulta que estas atenciones,
que en principio entran dentro del orden de lo lúdico y lo tierno,
se tornan el viaje de ida a una pesadilla eterna: será el comienzo
de una vida marcada por el estrago y el ultrajamiento.
Los efectos de lo
traumático serán tramitados (o no) al modo que suelen hacerlo los
niños (y que el Profesor Freud tan bien ha introducido en su “más
allá del principio del placer”). Pero, como pasa en la mejores
familias, las alertas rojas que se encienden en la casa de Silvia son
negadas, rechazadas y desestimadas por quien se supone que está en
este mundo -entre otras cosas- para ser intérprete de estos signos.
La niña no tardará
en devenir adolescente. Sintéticamente, y sin intención de hacer
teoría psicoanálitica barata, tenemos que el mecanismo de la
represión -la vedette de la neurosis- se establece en tres tiempos:
el primero, represión primordial fundante del psiquismo; segundo
tiempo, -represión propiamente dicha- consistirá en reprimir las
mociones incestuosas de la primera infancia; tercer tiempo, retorno
de lo reprimido acompañado de la formación de síntomas. Este
tercer tiempo corresponde cronológicamente a la reedición del
complejo de edipo propio de la adolescencia y al segundo despertar de
la sexualidad. En este tercer tiempo, todo aquello que ha sucedido y
que con tanta fuerza se ha aferrado en el inconsciente, retorna
interpelando al sujeto. Si bien la interpelación es dolorosamente
inevitable para todos, para Silvia (y para cualquier persona que haya
padecido tormentos similares) esta coyuntura la interroga en lo más
íntimo de su ser.
La incipiente
exogamia a la que la adolescencia invita comienza a enfrentarla ante
el goce desmedido de aquel Gran Otro del cual ella resulta ser un
objeto. Es que si bien todo proceso de subjetivación implica
necesariamente el pasaje por el lugar de objeto y la consecuente
pregunta ¿qué soy yo para el deseo del Otro?, las coordenadas y las
posibilidades de separación no son las mismas cuando una
subjetividad se ha fundado sobre el principio de ser un objeto
ultrajable, violentable, un objeto “de mierda” para ese Otro. Y
lo es aun más cuando ese Otro es de quien se han recibido las únicas
atenciones y muestras de amor: la lectura e interpretación de La Ley
que desde este mismo lugar se ofrecen resultan por demás confusas y,
digamoslo, perversas. Vale agregar que cuando una subjetividad se
configura a partir de estos preceptos, ser un objeto de mierda,
llevar adelante la existencia puede ser insoportable a punto tal que
Silvia, en cierto momento, se toma un taxi para arrojarse desde allí
al asfalto segundos más tarde. Es que cuando la angustia no se
soporta desde el lado del lenguaje (es decir, se torna más
insoportable de los común), del lado del fantasma como respuesta a
esta angustia, no queda más que la identificación con ese objeto
“resto” que queda del lado del sujeto: es este “arrojarse fuera
de la escena” la típica estructura que el psicoanálisis le da al
estatuo de pasaje al acto. Dice Lacan al respecto: “Ese dejar
caer es el correlato esencial del pasaje al acto. Aun es necesario
precisar desde qué lado es visto este dejar caer. Es visto,
precisamente, del lado del sujeto. Si ustedes quieren referirse a la
fórmula del fantasma, el pasaje al acto está del lado del sujeto en
tanto que éste aparece borrado al máximo por la barra. El momento
del pasaje al acto es el de mayor embarazo del sujeto, con el añadido
comportamental de la emoción como desorden del movimiento. Es
entonces cuando, desde allí se encuentra – a saber, desde el lugar
de la escena en la que, como sujeto fundamentalmente historizado,
puede únicamente mantenerse en estatuto de sujeto- se precipita y
bascula fuera de la escena” (Lacan, 1963).
Ameritaría otro
escrito al respecto, pero bastará decir lo que sorprende cómo, a
pesar de la anterior consideración sobre el estatuto del pasaje al
acto en la vida de los neuróticos, Silvia es llevada a un
neuropsiquiátrico y es tratada por un psicóloga con aires de
hipnotizadora que, en el mes que dura la internación, no resulta
capaz (ni interesada) de interrogar algo de la angustia de su
paciente. Es lamentable cómo la psicología en pos de los
tratamientos eficaces a corto plazo y apuntando al menor costo
posible para pacientes, profesionales e instituciones ignora y
forcluye la falta, la escansión, la hiancia, la insistencia, lo que puja e insiste. En una palabra: al Sujeto.
Durante su
internación recibe la visita del padre, a quien se niega a ver.
Recibe la visita de su madre, una bella mujer que no fue capaz -en su
momento y en la actualidad- de alojar, ni siquiera creer, nada de lo
que le sucede y dice su hija.
El tiempo pasa y
Silvia adquiere ciertos hábitos que dan cuenta de un circuito que
impide, valga la redundancia, la circulación de aquello incapaz de
tramitarse vía lo simbólico, algo del orden de lo traumático que
excede las posibilidad de reelaboración del sujeto, un significante
desamarrado de un monto de afecto (de aquel afecto “que no engaña”)
que no cesa de irrumpir ilimitadamente. Es en este contexto que
conoce a un muchacho con quien entabla una relación amistosa para
luego avanzar sobre algo más. Pero este “algo más” no es
sencillo para quien el encuentro con lo sexual y el lugar de ser
causa de deseo para un hombre está por demás complicado. Por suerte
cuenta con una amiga de toda la vida, quizá la única capaz de
soportar y contener algo de lo desbordante de esta muchacha. También
la música cumple algo de esta función -los neuróticos
no sólo contamos con destinos fallidos para nuestras rebeldes
pulsiones.
Con mucho costo algo
del orden de la exogamia pareciera suceder. La terapia de grupo, la
posibilidad de que algo de lo real comience a tramitarse vía lo
simbólico, los verdaderos afectos, son las aristas que acompañan a
esta mujer a tomar una posición con respecto a su existir y a su
miedo. La película es dramática e interroga a lo largo de sus 90
minutos porque, ¿cómo pedirle a alguien que no tenga miedo cuando,
la persona que se supone que más te ama, es la persona que te
arruina la vida?
-Summer Finn -Víctima, Charly García
-Summer Finn -Víctima, Charly García
lunes, 23 de julio de 2012
Agnés Jaoui: El gusto por el prejuicio
“El gusto de los otros”, “Como una imagen” y “Hablame de la lluvia” convirtieron a Agnés Jaoui en una de las directoras francesas más prestigiosas de los últimos años y su manera de narrar y caracterizar a los personajes es una razón esencial. La primera impresión que genera su filmografía es que las tres historias podrían ser parte de una sola, en tanto comparten una idea fundamental: en todas se realiza la deconstrucción de un prejuicio que circula en la sociedad, particularmente en las clase acomodadas francesas, que son las que aparecen representadas, en el marco de tramas que giran alrededor del costumbrismo y la cotidianeidad burguesa.
Durante una entrevista, Agnés Jaoui comentó que “incluso ahora, que pensamos que somos tan modernos y tan abiertos de mente, tenemos muchos prejuicios sobre la gente y eso hace muy difícil que nos comuniquemos entre nosotros”[1], lo cual, después de conocer su producción cinematográfica, suena a una declaración de principios. “El gusto de los otros” (Les gouts des autres) es paradigmática en este sentido, en tanto son puestos en cuestión los conceptos de “gusto”, “estilo”, a partir de los prejuicios que se generan cuando la mirada se centra en las elecciones artísticas del otro. Por otra parte, el film presenta una descripción de las relaciones que se establecen entre el artista burgués y el resto de la sociedad, en base a distintos significados que se atribuyen a la noción de cultura y a las cualidades que se deben tener para que se pueda calificar a alguien como ”culto”.
En “La elección de lo necesario”, Pierre Bourdieu elabora una distinción entre el gusto de las clases populares y el gusto burgués. Considera que el factor que determina las elecciones de las clases populares es la necesidad, que las lleva a una estética pragmática y funcionalista, con la intención de “obtener al menor costo el máximo de efecto, fórmula que para el gusto burgués es la definición misma de la vulgaridad”[2]. Contrariamente, las elecciones de la burguesía se caracterizan por responder a criterios puramente estéticos, no motivados por necesidades económicas. Este esquema de Bourdieu es pasible de ser identificado en el film, aunque con algunas diferencias:
- En primer lugar, en “El gusto de los otros” no aparece un conflicto de clases, sino que la cuestión de las elecciones estéticas se plantea en el seno mismo de la burguesía. En este sentido, Jean-Jacques Castella, el personaje interpretado por Jean Pierre Bacri representaría el gusto de las clases populares, desprovisto de la capacidad para entender el arte, por lo cual es motivo de burla y vergüenza ajena por parte de un grupo de artistas que se presentan como los únicos calificados de establecer los parámetros de lo estético. Entre ellos se encuentra Clara Devaux, una actriz de teatro de la cual Castella se enamora, por lo cual intentará acercarse al mundo artístico, totalmente desconocido para él, en tanto es un empresario industrial desinteresado de ese campo. Incluso hay ciertos momentos en que la actriz se coloca en el lugar de protectora de Castella, quejándose ante sus amigos “artistas”, por una negociación que están cerrando con el empresario industrial para redecorar su empresa, ya que cree que se quieren aprovechar de él. Este esquema bourdieuano se rompe a partir de una pregunta que realiza Jean-Jacques Castella a Clara Devaux acerca de la compra de un cuadro en una exposición, que deviene fundamental para la idea central del film de Jaoui: “¿No se puso a pensar que quizás solo lo compré porque me gusta?”. En ese momento queda ridiculizada la figura del artista burgués que se posiciona en un lugar distinto al resto de la sociedad, lo cual queda evidenciado en la posterior culpa de Clara por su prejuicio acerca de los gustos del empresario.
- Por otro lado, la supuesta preocupación de los artistas por lo puramente estético y no funcional, no está disociado del interés por obtener fines de lucro, satisfaciendo necesidades económicas. De esta manera, se niega el concepto de “arte por el arte”, en pos de un arte burgués solo comprendido por los selectos miembros del grupo, que pretende aprovechar las supuestas carencias estéticas de quienes no forman parte del mundo artístico, en este caso Castella, para obtener réditos económicos.
De esta manera, a través de una historia de la vida cotidiana de la burguesía francesa, Agnés Jaoui elabora una manera de caracterizar a los personajes que profundizará en sus siguientes películas: cada uno de ellos centra siempre su mirada en lo que hacen los demás y construye un prejuicio, evadiendo sus conflictos internos o negándolos. Esta situación genera un escenario repleto de relaciones sociales complicadas, confusas, en las cuales los sentimiento reales son escondidos detrás de un aparentar constante, que responda exitosamente al discreto encanto que debe demostrar la burguesía en todo momento, el cual Jaoui evidencia a través de un juego permanente entre el drama y la comedia absurda.
The Lumberjack
[2] Bourdieu Pierre, “La elección de lo necesario” en La Distinción, Taurus, Madrid, 1979.
De las venas que no se cierran: "También la lluvia", de Icíar Bollaín
Siglo XXI, Bolivia. Un grupo
trasnacional integrado por mexicanos, españoles y un rioplatense
(porteño, si querés) se instala en la ciudad de Cochabamba para el
rodaje de una película que intentará evocar el impacto y los
alcances de la llegada de los españoles a América. Sucede que, una
vez más, la realidad superará a la ficción y los impactos y alcances
que este grupo querrá retratar por medio de un largometraje se harán
carne, cinco siglos después.
En esta ocasión la mercancia en boga
será el agua, recurso que le es denegado a los habitantes de esta
región del oriente boliviano. Vieja, famosa y larga es la lista de
expropiaciones y explotaciones que Bolivia tiene en su haber,
expropiaciones y explotaciones padecidadas tanto por su gente como por la
mismísima pacha.
Resulta que con la llegada de este
proyecto cinematográfico, el pueblo es convocado a participar del
casting para trabajar de extras en el film por la módica suma de dos
dólares diarios. Es a partir de este momento, que marcaremos como
punto cero, cuando las injusticias pasadas se reactualizarán y se
reproducirán casi a la manera del siglo XVI: subestimación,
maltrato, falta de respeto, explotación. Esta vez los grupos -que en
principio llamaremos antagónicos- estarán compuestos, por un lado,
por un director español y un equipo de trabajo que, con ciertos
humos soberbios, mantendrán firmemente el objetivo con el cual
llegan a estas tierras: realizar su trabajo, cueste lo que cueste.
Por el otro lado, estarán los habitantes de un pueblo quechua al que
le es denegado no sólo el derecho a acceder a un recurso vital sino,
tambíén, la posibilidad de continuar con la construcción de una
red de abastecimiento que ellos mismos están contruyendo, razón que
concluirá en enfrentamientos con la fuerza pública cada vez más
frecuentes e intensos, motivo por el cual -en nombre del bien, de la
conveniencia y los interes de todos los involucrados- estos grupos
denominados en principio antagónicos negociarán e intercambiarán
favores generando una suerte de alianza que les permitirá resistir
-con más o menos ilusión- los efectos del poder que el monopolio
de la violencia estatal ejerce sobre los sujetos.
Dentro de este último grupo se
destacará un intrépido y valiente albañil devenido actor que luchará,
básicamente, por las posibilidades de su propia hija y de todo su
pueblo a ser tenidos en cuenta para participar de la película. Pero
sus convicciones y su genio van más allá y llegará a convertirse
en líder en la causa por el derecho al agua, a la vez que será esta
terquedad, su encanto y su espíritu lo que lo convertirá en el
intermediario y principal referente entre el grupo de bolivianos que
participa en la película y el equipo de trabajo.
Constantemente se toman prestadas
escenas de la película que hay dentro de la película dando la
sensación de que aquellos suplicios pasados ilustran, para nada
anacrónicamente, los padecimientos actuales. El problema es grave y
la convulsión social es cada vez más efervesente, por lo cual,
aquello que parecía ser un viejo y amargo recuerdo confluye
inexorablemente con los más penosos episodios presentes.
Los personajes de esta película tienen
la característica de mostrar, cada uno de ellos, las más diversas y
polémicas posiciones que cualquier blanco de occidente (llámese
europeo, llámese criollo) puede tener con respecto al complejo y
polémico debate sobre los pueblos originarios. Esta es una película
que, no obstante, trasciende las respuestas acabadas, morales y
dicotómicas e intenta ir más allá, animándose a tocar aquellas
fibras más éticas que los occidentales tenemos en relación con
nuestras propias preguntas -o mejor dicho, respuestas-
antropológicas. Se interrogará, casi sin disimulo, el alcance del
estatuto de hombre en tanto sujeto de derecho y, hasta me atrevería
a decir, el estatuto del mismo en tanto sujeto de hecho en pleno
siglo XXI, interrogación que pondrá en jaque, irremediable e
incisivamente, a las más grandes de las miserias y grandezas
humanas.
Para concluir se apelará, a modo de
broche de oro que ningún antropólogo estructuralista sería
incapaz de desdeñar, a reivindicar al ser genérico en su condición
más humana tomando como recurso aquella clase de objetos simbólicos
que, al circular, crean espacios donde no sólo se pondrá en juego
algo del orden de la gracia sino que lo entregado, nada más y nada
menos, tiene que ver con lo más profundo del sí-mismo. Lo que es
puesto en circulación entra en serie con la entrega-de-algo a un
otro pero que, en la medida en que este objeto
es intercambiado dentro del mundo de los objetos deviniendo por tanto don
y ofrenda, el estatuto de alteridad es resignificado generando un universo
común y dejando translucir que, en definitiva, la condición
humana es sólo una.
-Summer-
-Summer-
jueves, 19 de julio de 2012
- breve ensayo sobre la amistad -
A todo aquel que haya sido, sea o vaya a ser mi amigo
Dentro de la multiplicidad de roles que
se pueden cumplir a lo largo de una vida están que se
caracterizan por la inevitabilidad de lo azaroso y
determinante, y tenemos aquellos fundados en la elección, decisión y en las ganas de que sucedan y se realicen. Dentro de estos últimos, junto a la pareja
amorosa, está la amistad como aquella relación singular que
cualquier ser humano con suerte tiene la posibilidad de experimentar.
Están quienes dicen que los amigos son
la familia que uno elige: condensa lo inevitable de la filogénesis y la libertad de la elección. Deleuzze y Guatari dicen, a propósito del amigo, que es "una presencia intrínseca al pensamiento, una condición de posibilidad del pensamiento mismo" (Deleuzze y Guatari, 1993). Es que los amigos nos determinan con sus
presencias. Es un lazo que se forja a lo largo del tiempo basado en
ese preciado valor llamado confianza. Una amistad se alimenta solo de
momentos y complicidades que sólo la particularidad de cada vínculo moldeará a su forma. Los amigos son personas capaces de rescatarnos del peso de la rigidez y de lo determinante que el ser miembro de un linaje familiar implica y se
convierten en aquellos compañeros con quienes cierta cuota del respeto violado por
el lazo fraterno será resarcido y será la base de la posibilidad del vínculo, va a primar por
sobre todas las cosas. Son los confidentes con derecho a veredicto ya
que reúnen lo mejor que pueda tener un juez imparcial: amor y
distancia. La única condición para que este amor viva es la correspondencia y la lealtad. A diferencia de los amores familiares, el amor a un amigo no ata, no pesa ni mortifica. Es un amor que hace todo más fácil y
más lindo.
No obstante, no hay relación humana que no esté sujeta a los vericuetos del azar. Esta será quizá la única certeza con la que contemos. La determinación se hace
patente cuando el diablo mete la cola. Cuando algo del contrato se quiebra emergen los más dolorosos sentimientos. Las
traiciones, las decepciones son también parte de la vida y las amistades por supuesto no están exentas de ellas. Cuando el tiempo haga lo suyo y todo se clarifique, se dará paso a la reflexión, aquel campo donde lo que vale es la libertad de conciencia, que invita a concluir y ayudará a seguir eligiendo.
Dijimos que la determinación se hace
presente cuando el diablo mete la cola, y en algunos casos las reflexiones pueden ser obsoletas, la conclusiones son imposibles de abordar y el dolor se hace
eterno. Ahí cuando entendemos con un poco más de crudeza que los amigos son personas y, como tales, no están
libres de los sinsentidos del destino.
Dentro de esta cosa absurda llamada vida, la
amistad pareciera ser un milagro: cala hondo con un amor
puro, rescatando lo más infantil y adolescente que hay en nosotros; hace todo un poco más liviano, gracioso y divertido. Cada amigo es único, irrepetible e inolvidable; son seres imprescindibles; la vida sin ellos sería difícil de ser pensada. ¿Qué es la amistad, si no un milagro?
Summer Finn
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
